viernes, 7 de diciembre de 2007

Diario de a bordo: Santiago de Compostela

Si ya sé. Alguno de vosotros pensaréis que si trabajo promocionando el turismo o en algún programa de viajes. Pero que más quisiera.

Como ya os comenté, iba a ser un otoño movidito. Y vaya que si lo está siendo. Como no quiero dejar pasar más tiempo, para no olvidarme de nada, aquí os dejo una nueva entrega de mis diarios de viaje. Esta vez el destino me llevó hasta Santiago de Compostela, me permitió reencontrarme con viejas amigas del Erasmus (que no amigas viejas… ya lo comprobaréis) y me regaló un perfecto fin de semana soleado en la ciudad de la lluvia. Que más puedo pedir… ¿Qué me toque el gordo de Navidad?


(Presentaciones de izquierda a derecha: Débora y Cova, las gallegas. A la derecha, Lauri, llegada directamente desde Toulouse)



Miércoles 28 Noviembre: Me encanta que los planes salgan bien

Todo comenzó un miércoles. Un jodido miércoles.

El problema de comprar vuelos de bajo coste es que te da igual si salen de Almería y vives en Toledo, si te llevan a Namibia cuando queráis ir a Asturias o que te hagan levantarte a las 3 de la mañana para volar a las 5 y llegar a una ciudad desierta a las 6 de la mañana donde no puedes tomarte ni un café. Todo eso es intrascendente. Lo cojonudo es que nos ha costado 20 euros. Y con eso ya es suficiente.

Así que mi vuelo, como es habitual en estas situaciones, salía a las 7:30 de la mañana desde Sevilla. Sin un enlace a esa hora, y sin almas caritativas que madrugaran para llevarme, decidí que lo más lógico era hacer noche en Sevilla. Para ello recurrí a mi buena amiga Elena y su eterna hospitalidad, a la cual le estoy eternamente agradecido y le debo un colacao con galletas cuando ella quiera (esta la cosa cortita incluso para churros).

Lo tenía todo planeado al milímetro. Salgo habitualmente de las prácticas en la fábrica a las 16:30. Mi compañera de piso me llevaría en coche desde Algeciras hasta Jerez, allí el tren, llegar a mi casa, imprimir los billetes, una buena ducha, preparar la maleta, algunas chorradas más para llevarme, descansar un rato y llegar tranquilamente a la estación de trenes para coger el último a Sevilla que es a las 20:30. ¿Qué porqué os salgo con el rollazo de los horarios? Porque es importantísima esta secuencia temporal. Amigos mios, nada es gratuito.

Salgo a mi hora de las prácticas y me voy al punto de encuentro que es una gasolinera que hay a la entrada de la fábrica. Justo 10 minutos después, leo un mensaje de mi compi: me quedo un rato más. Fuck. El rato se convirtió en media hora. Primera llamada:

- "¿Te queda mucho?"
- "No, no, iré en cuanto pueda" (resumen)

Fuck, fuck. En su defensa he de decir que estaba a dos días de entregar su proyecto fin de carrera. Un compañero le estaba arreglando unos planos. En mi defensa diré que hacia un frío del copón.

Hora y media después… otro mensaje: ¿Te queda mucho?

Ring, ring: "Manu, en 15 minutos estoy ahí. Lo prometo".

30 minutos después de esa llamada, 2 horas más tarde de mi salida de la fábrica, una eternidad en el frío algecireño o 2 sudokus imperiales completados, lo que más os guste… mi cara era todo un poema sanguinario y apareció mi compañera de piso. El camino hacia Jerez, no fue tan tenso como me hubiera gustado. No sirvo para esas cosas.

Una vez allí, Julia me recogía para hacer de chofer una vez más (¡¡¡cuanto le debo!!!). Eran las 19:50. Por el camino pensé que mi padre en última instancia, si perdía el tren, podría llevarme a Sevilla.

- "¿Papa? ¿Dónde estas?"
- "En Antequera".

Fuck.

Llamo a mi casa para que me vayan haciendo la maleta. Mi hermana en la ducha, mi madre no está. Fuck, fuck, fuck. En ese momento, no me hizo falta cortarme las uñas. Por suerte, mi madre llegó en breve. Yo entre por la puerta de mi casa a las 20:15. 10 minutos y un cambio de maleta después, salía de nuevo con dos mechones menos de pelo. Nada de duchas, ni de billetes, ni siquiera de hacer yo la maleta. Chorradas las justas. Quién dijo planes. Llegué a tiempo, o este sería el final del relato. Pero no. El tren aún me depararía más sorpresas.

(Foto que prueba que finalmente llegué a Santiago)

Dos hermanas, provincia de Sevilla, tierra de suicidas según la rumorología. Un borracho intenta entrar en el tren con un billete de cercanías. El revisor le dice que no puede ser, entra a toda prisa y cierra las puertas. El borracho pasa de todo y mete las manos. El tren comienza a andar. El revisor para el tren, abre la puerta, libera al borracho y vuelve a cerrar. El borracho se vuelve a pillar las manos. Repetimos esta operación tres veces, añadimos una llamadita a la guardia civil, y la intervención en grandes dosis de los pasajeros del andén y tendremos un bonito escándalo u/o anécdota que contar. Al final partimos y ese hombre no sé que hizo pero no me quiero imaginar su cara al día siguiente cuando se lavara las manos.

En Sevilla, tenía que buscar a mi amiga Elena que trabaja en el Hotel Sevilla Center. Quedan todos invitados desde ya… a hacerle una visita. Esperamos a que ella saliera y fuimos a un bar a despedir a una compañera que era su último día de curro. Yo no pintaba nada, pero la fraternidad del alcohol hace maravillas en las relaciones sociales. A las 12:30, once horas después de mi último bocado, mi barriga rugió. Y Elena, su gemela adscrita y yo, nos fuimos a un mexicano 24 horas, con mariachi incluido recorriendo las mesas. Como ni la noche ni yo, dábamos para más, y el madrugón sería importante, nos fuimos a casa a dormir.

Jueves 29 Noviembre: Leyendas

Todo lo que el día anterior fue mal… giro 180 grados al amanecer. Ducha y rápidamente para el aeropuerto. Nadie en espera para facturar, ni para pasar por el control. Decidí comprar una revista. Al salir, anuncian por megafonía el embarque de mi vuelo. Llegué y apenas 5 personas entrando en el avión. Me siento y duermo. Así deberían de ser los vuelos.

La llegada A Coruña fue a las 9 de la mañana. No voy a hablar de lo costosos que son los desayunos en los aeropuertos. No estoy descubriendo América precisamente. Aunque duela igual. Cova y Dodi (su novio), me recogen justo cuando ya empiezo a contagiarme del acento gallego, y enseguida ponemos rumbo a Santiago. Una vez allí comienza una visita sin par por una de las ciudades más bonitas que recuerdo. Sin duda, Santiago, la ciudad vieja, agrupa encanto y misterio a partes iguales, y perderse por sus calles, su mercado, sus esquinas, es todo un placer. Aunque no puedas estar perdido más de una hora. Santiago se toma en un frasco pequeño. Como los buenos perfumes. Pero al alcance de cualquiera. Y verlo con sol, fue un lujazo.

Después de comer (una excelente ensalada de pasta casera de la cuál si no tomo parte me arrepentiré), me fui una vez más a explorar la ciudad, pero esta vez en solitario. Parques, cuestas (las cuales nunca eran hacia abajo), iglesias y escaleras, gentes, bares y comercios. Todo guarda un sabor añejo, como si se hubiera detenido el tiempo y sus paredes de piedra consiguieran mantenerlo fresco.

A la tarde me encontré con Débora. Después de dos años y medio, fue un bonito reencuentro adornado con unas tortitas con chocolate. Paseando por la Alameda conocí a un mendigo tocando la flauta, un trovador con perro, el cual hablaba de tiempos pasados vividos en tierras gaditanas, de grandes cruzadas contra perreras municipales, y de carreras de monedas en medio del bullicio de las fiestas locales. Vamos, un personaje.


(Débora y Cova: reencuentro tras 2 años. Viviendo en la misma ciudad)


Después, primer contacto con las tapas de cocodrilo y vuelta a casa para cenar. Un día tan largo y una noche corta no dejaron tiempo ni para una película.


Viernes 30 Noviembre: Ponerse al día

No voy a decir que madrugué. Mentiría como un bellaco. Despedimos a Dodi que marchaba a Lugo el fin de semana y nos vamos a desayunar. Lauri llega a las 3 y media por lo que decidimos hacerle un cartel de bienvenida. Lo terminamos justo a tiempo y nos vamos a la estación. El reencuentro de las dos amigas, después de tanto tiempo… de nuevo ese inglés con acento gallego en labios de una francesa. No words. Con tanta efusividad el cartel queda en segundo plano y a medio camino a casa Lauri descubre que ha perdido un pendiente… regalo de su madre… y de plata. No sé que especie de suerte la envuelve, pero cuando vuelvo a la estación a buscarlo… allí está, rodeado de gente pero ignorado en el suelo.

Como nuestro cocinero se marchó, pues tuve que sustituirlo. Y antes de que me diera cuenta, ya habíamos despachado un té, y estábamos en la calle de nuevo. Cova se inventó una extraña tradición mediante la cual consiguió que nos tirásemos en medio de la plaza del Obradoiro, para contemplar la catedral de espaldas. No wordsagain.

Tomamos un café, una extensa charla, volvimos a casa para ducharnos y otra vez a la calle. Ponerse al día, lleva su tiempo.

Los bares se iban sucediendo uno tras otro, las tapas igual, y Lauri buscando sangría por todo Santiago. Ni que decir tiene que la encontramos, que la bebimos y disfrutamos y acabamos la noche en un bar adornado con banderas gays, souvenirs gays, camareros gays. No sé vosotros, pero me invitó a pensar y preguntarme. Aunque la clientela no fuera exclusivamente gay, ¿sería un bar gay?. Una pregunta normal ¿no? Respuesta de Cova: Noooo… ¿por qué? . Después de una intensa sesión fotográfica y despachar unos cuantos cubatas, el reloj marcó las 5 de la mañana tan rápido que apenas si me di cuenta en que había gastado otro día.


(Lauri en una muestra de la sesión fotográfica a las tantas)


Sábado 1 Diciembre: Puré de zanahorias para la piel

Me levanté temprano para buscar dulces y un buen desayuno que llevarnos a la boca. Croissants y colacao. Desperté al equipo y nos lo zampamos en medio minuto. Listos para otro día de pamplinas.

Paseamos por un parque hasta el supermercado. Cova no es muy aficionada a las verduras de estos sitios. No son naturales. Ya en la tienda, Lauri comienza una búsqueda milenaria del sabor del alcohol español. Compra sangría, tinto y limón y una botella de vino para la comida. Yo no tomé y a Cova no le gusta, así que supongo (y he de suponer bien) que lo estará degustando ella sola.


(Sol en tierras gallegas y en Diciembre)


A la vuelta a casa, nos ponemos a cocinar. En el menú se incluyen tomates rellenos, y puré de zanahorias, el cual va de puta madre para la piel (esto es algo que he aprendido en este viaje a base de oírlo y repetirlo). De postre, café realizado en cafetera fósil de fondo de armario.

Ya con Débora, visitamos una exposición sobre fotografías de África (Sebastián Salgado) y luego realizamos una nueva ruta por los bares. Llegará el día en el que esto parezca repetitivo pero en ese momento, no te planteabas dejar de ir porque en el diario del viaje no quedaría interesante.

En medio de una plaza, Cova sigilosamente se nos adelanta. Los pasos, tan ligeros, habrían sido imperceptibles pero la delatan al agacharse a recoger algo y huir. Acaba de descubrir 10 euros tirados en el suelo. Un tesoro para el bote.

Lo siguiente es entrar en un bar. Raro ¿no? Empezamos con una jarra de sangría, dos vinitos y una cerveza… y ya no sé cuando acabamos. Otra jarra, croquetas, vieiras (a 5 euros la unidad, pero muy ricas y saladitas), más sangría. Uno de esos ratos en los que no te quieres ir nunca. Que son como un suspiro.

El primer brindis fue por la salud de la piel de Cova y porque mejorara con tanta zanahoria. Por supuesto, los siguientes, fueron para la piel de cada uno de los que estabamos sentados a la mesa y el cachondeo fue generalizado y promovido durante las siguientes horas.

La noche acabó como la anterior. En el bar “supuestamente gay”, entre confesiones y copas, robando alguna canción más antes de acostarnos.


Domingo 2 Diciembre: Una “Mini” despedida

Es el día de mi partida. Y poco tengo que decir de él. Que siempre es triste despedirse de los amigos cuando no sabes cuando los volveras a ver.

Débora me acercó hasta A Coruña en su flamante coche nuevo. Mini. Descapotable. Amarillo. Una pijada, pero una preciosidad. Por el camino nos encontramos al único tio en toda España que respeta las señales de 50. En plena carretera, a 80… de repente la carretera pasa por un pueblucho. Inmediatamente su coche se detenía en seco. Era de cachondeo. No es que este en contra de su actitud prudente, pero es que más que eso, se podía considerar temeraria. Temeraria y de cachondeo.

(El nuevo coche de Débora. El niño mimado de la familia)


El vuelo que debía llevarme se retrasó y embarque más tarde. Paradójicamente, llegamos a la misma hora. Debe ser que el piloto no respetaba tanto los límites de velocidad. No me gustaría encontrarmelo en tierra. Al llegar a Sevilla esperé a que mis padres me recogieran y en el camino ya iba dormido. No tuve fuerzas para volver a Algeciras. No hay prisa, ¿verdad?.

Recuerdo el abrazo y los besos a cada una. Y decirnos que pronto nos volveremos a ver. Santiago. Cádiz. Toulouse. Barcelona. Lo mismo da. Es tanto el cariño que 4 días saben a poco. Siempre se quiere más. Otro café. Otra copa. Otra charla y otra madrugada. Uno nunca se cansa de los amigos.

2 comentarios:

Jado dijo...

pedazo de viaje!!!nunca he estado en galicia, creo que es de las pocas comunidades autonomas que me faltan. Gran envidia, la verdad.

Por cierto, slaudos de nuevo xD

Argan dijo...

Pues es una visita obligada! Es un lugar precioso. Yo, desde luego, tengo que volver.

Y bienvenido de nuevo! Saludos!!