sábado, 7 de julio de 2007

Paquito

Hace días que nos acecha. Mi casa vive ahora bajo la extorsión del miedo. Y nadie parece capaz de conseguir que esta situación cese.

El primer ataque se produjo hace dos noches. Yo estaba en mi cuarto, serían las dos de la mañana, más o menos, y el resto de la familia dormía. Es el mejor momento del día: la ventana abierta, una pequeña brisa y un capítulo de alguna serie. De repente, algo chocó con mi corcho y acabó detrás del monitor del ordenador. Con tranquilidad, me levanté y volví la vista hacia la parte de atrás. Y allí estaba: Paquito, "el saltamontes amiguito". Y yo, indefenso en la noche... su primera víctima. Sus antenas en alto, sus ojos pendientes de mi... inmóvil, pero cortándome la respiración. ¡¡¡Eran como 10 centímetros de bicho!!! (aunque los que me conocen hablan de cierta tendencia a la exageración). Cogí un trapo y me dispuse a atraparlo. Después de idas y venidas, Paquito se había hecho dueño y señor de mi mesa. Con la luz encendida, 2 de mis hermanas se levantaron para reírse con sus buenas carcajadas y caídas al suelo. Mi madre gritaba desde su cama que nos calláramos y nos acostáramos. Después de batallar mis buenos 10 minutos, conseguí atraparlo. Lo solté en el balcón del salón. Todavía puedo sentirlo allí.

Esta mañana mi madre me mandaba del sofá del salón a su cuarto para que siguiera durmiendo (consecuencias de pintar mi cuarto). Poco después un grito desgarrador me despertaba: Paquito había vuelto. Llamó a todos... mis hermanas, mi abuela, los vecinos. Nadie parecía escucharla. Solo yo. Pero para mi, esa batalla estaba ganada. Al igual que ella la noche anterior... me quedé durmiendo. Así que mi madre se dispuso a enfrentarse a nuestra amenaza ella sola. Armada tan solo con un trapo y moviendo la mitad de los muebles del salón, consiguió echar al saltamontes por la misma ventana por la que se deslizó.

A la tercera dicen va la vencida. Pero yo creo que no. Ha cambiado de estrategia. A la hora de comer apareció de nuevo. Esta vez no entró. Se quedó en la barandilla del balcón... donde todos podríamos verlo. El pánico se apoderó de mi madre. Cerró esas ventanas. Las de mi cuarto. Y las del suyo. Nadie se atreve a abrirlas. Sabemos que Paquito esta fuera. En alguna parte.



Y puedo ver su victoria. Puedo oír sus chirridos. Y al forense diciendo que nuestra muerte fue causada por falta de oxigeno.

3 comentarios:

el angel de las mil violetas dijo...

uggggghhh! que ascoo! que asco de bichosss! :S:S:S ademas cuando son grandes mas asco todavia..ufggg!

Argan dijo...

Hombre, este es ya como de la familia. Cada vez que alguien entra al salón pregunta: ¿y Paquito?

el angel de las mil violetas dijo...

recuerdame...grrrr si quedamos un dia esperarte en la esquina..grrrr que repelusss