martes, 10 de junio de 2008

Menudos días

Menudos días.

El país paralizado. La casa sin barrer. Camiones cortando las carreteras. Piquetes parando camiones. Pescadores de huelga. Pescaderías cerradas. Mercados acojonados por la escasez. Amas de casa previsoras. Conductores buscando gasolina como si fuera la fiebre del oro. Las petroleras haciendo el agosto en junio. Las ventas del Diesel al nivel de su precio. El aire vuelve a crisparse. Todo el mundo aprendiendo la palabra desabastecimiento. Las bocas sin comer ni callar. Y la casa por la ventana.




Me han llegado en los últimos días correos instando a una huelga general el próximo mes de Julio. El tema es protestar por los precios, la economía, el colapso que se teme y se asoma en la esquina. Que el petróleo debe bajar. Que no podemos seguir así. Aunque ya me gustaría a mí que fuera nuestro gobierno el que tuviera el poder para decir que el barril de petróleo vale tanto.

Al poco me llegaba otro correo, un poco más revolucionario si cabe, criticando esta propuesta, esta cadena, esta manifestación. Alegando que detrás de ella hay intereses políticos para atacar al gobierno. Que la culpa (esto tuve que leerlo dos veces) es nuestra por llevar un ritmo de vida que no podemos llevar. Por entramparnos hasta los ojos sin mirar en el mañana.

También me ha llegado otro mail muy gracioso sobre un boicot a las dos grandes petroleras españolas, Repsol y Cepsa, jaleándonos para que no compremos nunca más en sus estaciones. Y repetía y repetía que es muy importante comprar en cualquier otro sitio. Me pregunto a que fiera del departamento de publicidad o promoción de las otras gasolineras se le ha ocurrido esta sugerente idea.

Y a todo esto uno no sabe a que atenerse. Porque veo que tiran de mi en todas direcciones con puntos a favor e intereses ocultos. Esta claro que hay crisis, que se ve venir lo peor, que se palpa hoy en día. Y por muchos intereses que pueda tener la oposición en esta manifestación, es importante salir a la calle. Creo que es sano que estemos acostumbrados a protestar, a exigir, a conocer. Porque la práctica es lo que evitará la manipulación. El borreguismo es más fácil sentados en nuestros sillones. No es que crea que los Audi deban ser accesibles para todos. Pero si el pan. Y hasta para pedir hay que saber hacerlo con cabeza.

Pero también estoy de acuerdo en que hay que dar un punto de confianza. Que todos merecen tener la oportunidad de enmendar errores. Y que todos debemos callar. Porque sí que es verdad, que todos pretendemos vivir por encima de nuestras posibilidades. La droga de nuestro presente, el cáncer de nuestra época no es la maldad, la envidia, los intereses. Es el consumismo. Tiene toda mi bendición para ser una palabra a extinguir. Algún día. Espero que no muy lejano.

Mientras eso no ocurra, la cadena seguirá funcionando. Perfectamente engrasada. Tiramos el agua, la basura sigue sin tener valor para muchos, la tristeza se cura con una nueva camiseta en vez de un abrazo, los coches no sirven para llevarnos sino como carnets de identidad. Y todo, todo, absolutamente todo hoy en día, tiene sus cimientos en unas arenas movedizas llamadas barril de petróleo.



Menudos días.

jueves, 5 de junio de 2008

5

5 minutos antes...




No vio venir la rebelión. Los enanos le atacaron por sorpresa y le quitaron la llave. No pudo hacer nada para detenerlos. No iba a dejar que pasara lo mismo que antes. No perdería su "humanidad".

Acabaron con toda la comida y la bebida, pero no se tranquilizaron. Buscaron por toda la casa y no encontraron con que saciarse. Al final, se fijaron en el hombre. En el mismo preciso momento en el que se abalanzaron sobre él, sintió la sensación de que habían vuelto a aumentar en número durante la reyerta. Para zafarse, estampó a varios contra la pared y pateó a los que pudo, pero no consiguió calmarlos. Aparecían de todos lados mientras el mismo suelo parecía desaparecer.

Se encerró en uno de los cuartos y se asomó a la ventana buscando un refugio. A la izquierda divisó los tanques cruzando una gran avenida. Justo enfrente, otro edificio, con cierto aire familiar.

A la misma altura en la que él se encontraba, pero en el otro lado de la calle, divisó a una persona a través de una ventana. Ese hombre estaba empleando un palo para atacar a algo en el suelo. Tiró el palo hacia un lateral de la habitación y se agachó. Cuando se levantó llevaba a un enano entre las manos. Lo miro fijamente y acto seguido, lo estranguló. Parecía muy relajado. Al soltar al enano, recogió una botella y dio un trago. Después, se acercó a la ventana y empezó a tirar cuerpos de enanos a la calle.

Es en ese momento cuando nuestro hombre se reconoce a si mismo en el otro edificio. Se siente frente a un espejo. Es él mismo, solo que está en el otro lado de la acera, con otro ánimo, con otra historia. Allí mata a los enanos. ¿Por qué no puede hacerlo aquí?.

Mientras se queda inmóvil en esta ventana, sorprendido, confuso, desorientado, no percibe que los enanos acaban de echar la puerta abajo y se disponen a atacarle. Intenta pedir ayuda a si mismo en el otro lado, pero esta demasiado lejos como para oírle. Entre todos los enanos consiguen tirarlo por la ventana. ¿Quién coño son esos enanos? ¿Por qué hay una persona idéntica a él?. La duda lo mata antes de tocar el suelo.

"El hombre del edificio de enfrente lo ve todo."

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Una vez la oscuridad ha hecho acto de presencia, el segundo hombre baja a la calle decidido a escapar de la ciudad. Pero antes se pasa a mirar el cadáver que vio caer desde 12 pisos. Aquel cuerpo, aquella cara y aquél hombre les son familiares, pero en ningún momento se reconoce a si mismo.

Junto al cuerpo aparece un grupo de enanos. Uno se acerca al hombre e intenta morderlo, pero no tiene la más mínima oportunidad. El hombre lo levanta del suelo y lo estrangula sin pensarlo ni un instante. Después, da media vuelta y corre hacia las afueras de la ciudad. Allí no deja nada sin resolver.

miércoles, 4 de junio de 2008

4

4 horas antes...




Abrió la puerta del piso cargando una inmensa mochila con los últimos alimentos que había podido rescatar de la tienda.

Las tropas habían llegado a la zona. Cada vez se veía más movimiento de soldados y era difícil salir a plena luz del día. Las horas pasan muy lentamente esperando un destino incierto.

Los enanos le alcanzaron en la entrada. Habían aprendido a emitir sonidos y sus chillidos se hacían insoportables. Cada vez resultaban más caprichosos y pasaban más tiempo enfadados. Se peleaban entre ellos y acababan molestándole y pegándole patadas a él. No sabía como controlarlos.

Al ver la bolsa de comida se volvieron locos. Intentaron arrebatársela tirando de ella entre todos. El hombre forcejeó hasta que la bolsa cedió y se rompió dejando desparramado todo lo valioso que contenía. Los enanos comenzaron a saltar y gritar mientras recogían la comida. El hombre los mandó callar pero no le hacían demasiado caso. Intentó separarlos, apartarlos incluso empujarlos, pero eran demasiados. Temiendo por su parte del botín y frustrado tras tantos días, sufrió un ataque de ira. Cogió a uno de los enanos que estaba mordiéndole y lo ahogó bajo el brazo. En ese momento, el resto enmudeció y se quedaron completamente inmóviles.

El hombre los observó con detenimiento. No estaban asustados, tan solo parecían obedecer dócilmente. Sin embargo, decidió que aquello era un método demasiado drástico para controlarlos. No era forma de resolver el problema. De raíz. No parecía justo. Aunque ellos fueran más numerosos, él era inmensamente más grande y fuerte.

Una vez se tranquilizó, comenzó a racionar los víveres entre todos y repartir un sorbo de agua a cada uno. El resto, lo guardó bajo llave en la cocina. Al volver al salón todos parecían tranquilos. El hombre, más confiado, se sentó a comer entre ellos mientras disfrutaba de los pocos momentos de paz que había tenido en días. Al menos, los pocos que tendría antes del murmullo que precedería la tormenta.

Casi estaba quedándose dormido cuando uno de los enanos gritó...

...finalizará mañana...

martes, 3 de junio de 2008

3

3 días antes...




Los bombardeos habían dado paso a la invasión terrestre un par de días atrás. Las ruinas parecían crecer como setas. Mercados, iglesias, edificios del estado e incluso hospitales. Todo adquirió un color sombrío.

El hombre deambulaba por uno de los parques de la zona Sur. Huía de los tanques y las metralletas que aparecieron del Norte, obligándole a abandonar su casa. Llevaba así más de 3 semanas, rodeado tan solo de los enanos. Desde que los viera por primera vez no le habían abandonado. Lo seguían de cerca a cualquier sitio donde fuera.

A los pocos días del incidente del sótano, encontró otro enano junto a una cabina telefónica. Y esa misma noche, 3 más de vuelta a casa. Desde entonces no habían parado de crecer en número. De vez en cuando jugaban con él, correteaban a su alrededor y llamaban su atención. Otras veces, se ponían agresivos, le arañaban y mordían sus piernas.

Se sentó en un banco a descansar. Los enanos le imitaron pero no había sitio suficiente para todos. Formaron una piña y empujaron al hombre hasta tirarlo del banco. Le cogieron de improvisto debido al cansancio. Al caer al suelo, se sintió impotente ante ellos. No sabía porque los había traído consigo cuando abandonó su casa. Y ahora no podía librarse de ellos.

Esa noche llegó a un gran edificio. Saqueó una tienda de alimentos en la planta baja y busco refugio en los últimos pisos. Tubo que cargar con algunos de los enanos mientras subían. Al entrar en una de las casas, escuchó un gemido. Lo persiguió hasta encontrar a una mujer bajo una cama. Estaba herida en un costado y sangraba y sudaba a partes iguales. Al acercarse a ella, la mujer intentó robarle la mochila con la comida mientras soltaba un grito de desesperación. El hombre dio un salto hacia atrás y asustado corrió de vuelta hacia las escaleras.

3 pisos por encima, entró en otro apartamento. El pasillo de entrada daba a un pequeño salón con 3 enormes sofás. Los tres estaban llenos de muchas más de aquellas insoportables criaturas. Los enanos saltaron de alegría al ver al hombre.

...continuará mañana...

lunes, 2 de junio de 2008

2

2 meses antes...




Tras los primeros atentados llegaron los cuchillos. El cruce de acusaciones. El recato que encuentra la excusa. Las fronteras que comienzan a armarse. Y de ahí, un solo paso a la guerra.

Aquella noche, las bocinas anunciaron los primeros bombardeos sobre la ciudad. Y a aquél hombre, como a todos, le cogió de improvisto. Salió de su apartamento para contribuir al río de vecinos que poblaban la escalera. En el sótano había un refugio. Evito los codazos y peleas por llegar primero. No sabían si habría sitio para todos.

Recordó a la anciana mujer del 2º que tantas veces le había preparado comida. Y pidió ayuda para bajarla entre varios. Pero ante la presión de los demás, solo consiguió convencerse de que no había tiempo. Así que la abandonó.

Abrieron las puertas del cobertizo y entraron cuál manada en estampida. El hombre se colocó en la puerta para ayudar a descender al resto. A los pocos minutos, varias voces desde el interior le apremiaban para que cerrara y guardara la poca seguridad que tenían. Él vio que todavía quedaba espacio y aguantó la puerta. Miraba con impaciencia la escalera esperando a los rezagados. Desde dentro gritaban que eran ya demasiados y se quedarían sin aire. Un par de hombres hicieron el amago de ir a forzarle pero no hizo falta. No tardó ni un segundo en cerrar y provocar que los gritos y golpes se trasladaran al exterior.

Se sentó en la pequeña escalinata y se llevó las manos a la cabeza. Al mirar al resto del grupo, sintió vergüenza. Mientras buscaba las palabras, vio algo moverse junto a él. Su mirada siguió su presentimiento hasta una de las mesas. Debajo, descubrió con asombro 2 pequeñas criaturas. Parecían humanos pero eran enanos. No tendrían más de 20 centímetros. Tenían un aspecto tranquilo y parecían curiosos.

Una vez se percataron que estaban siendo observados, dieron un pequeño salto y salieron bajo la poca luz de aquellas lámparas. Nadie los vio cruzar la habitación y sentarse en el escalón junto a aquél hombre. Nadie, excepto él.

...continuará mañana...

domingo, 1 de junio de 2008

1

"El hombre del edificio de enfrente lo vio todo."

1 año antes...


(Foto de Flickr)


Aquél tío ni siquiera necesito ponerse de puntillas para alcanzar el último paquete de arroz de la desnutrida estantería. El supermercado había sido arrasado por el miedo.

Aquella mañana los granos de arena se convirtieron en la primera piedra gracias a un acto terrorista. Una bomba había hecho saltar un autobús lleno de trabajadores justo a la altura de una de las avenidas más transitadas de la ciudad. El caos fue cuestión de echarle minutos. El miedo a una inminente guerra sacó a las gentes a la calle durante días, para permanecer en ellas hasta que las aguas se calmaran.

Una vieja comenzó a gimotear y llorar junto a él. Miró el paquete de arroz en su mano e intencionadamente forzó unas bonitas lágrimas. Aquel hombre se apiadó y le cedió su comida a la chantajista.

Con apenas dos artículos en la cesta, recorrió boquiabierto los pasillos del supermercado. No dijo nada ante los empujones ni por los gritos de histeria. Se dedicó a buscar con resignación entre las sobras. Al intentar alcanzar una caja de cereales de una de las últimas baldas, algo la movió lejos de su alcance. No pudo visualizar que había detrás. La altura se lo impedía.

De repente alguien le increpó para que dejara paso a los carritos. Al volver la vista hacia la estantería, el paquete había volado. Volvió a resoplar y llevó la vista al suelo. A cuatro pasos, vio los cereales y tras ellos, observó una sombra con forma humana. Delataba una figura tan pequeña que podía ocultarse tras los pocos centímetros de la caja.

Extrañado, confuso, cansado del bullicio, se frotó los ojos y con decisión se acercó y recogió el paquete del suelo. La sombra había desaparecido tras dar el primer paso.

...continuará mañana...