lunes, 1 de febrero de 2010

El vapor

Este es un relato que escribí hace algo más de 4 años como regalo para mi buena amiga Cova y está basado en una anécdota real. Como siempre que rescato algo, se publica con todos los fallos que en su día pudiera tener. Así que para quejaros... tendréis que hablar con el que era entonces...


El Vapor

No sé exactamente la edad que tendría ahora. Supongo que rondaría la centena. A estas alturas ya hace mucho tiempo que los años son tantos y no piedras. Pero tampoco estamos hablando de alguien a quien el destino le guarde una prórroga. Sin el océano cerca… difícil concebir la vida de un barquito de vapor. Y solo se quedará cerca mientras pueda pasear por sus aguas, mientras sea útil, mientras todavía contagie alegría. No hablo de un cuento. Ocurrió… supongo que hará ahora un siglo.

El vapor nació bravo. No estaba destinado a aguantar en tierra ni un minuto más de lo necesario. Pero en su parto hubo complicaciones. Fue construido en un taller del corralón de la Antigua Catedral del, entonces, pueblo. Se puso cuidado y mimo, sudor y llantos, se desnudaron noches y abrazaron días para que pudiera salir. Al fin y al cabo, el pueblo vivía de eso, de sus barcos, de sus astilleros, esa era su vida.

En la mañana en que el vapor abrió sus ojos, se encontró con la realidad. Esa de la que apartamos la mirada si no nos sonríe como esperamos, a la que le cerramos los ojos si nos grita palabras feas, a la que le damos la espalda si se acerca demasiado. Su corralón, su taller, donde ahora respiraba entre martillos y suspiros, estaba lejos de su ansiado océano. Casi un kilómetro de distancia. Quizá para nosotros no sea mucho. Quizá para él, tampoco quisiéramos que lo fuera. Llámalo coraje, impotencia o como quieras, pero venía en el paquete al nacer. Todos lo sufrimos.

El vapor no se amedrento. Ellos no lo dejaron. Sus casi veinte padres estaban para apoyarle. Se tuvo que tirar un tapia del taller para sacarlo de allí con un sonrisa en la proa. Su casco terminado, la cubierta reluciente, su timón y su hélice brillando al sol de esa mañana. Éste tampoco suele fallar. Una veintena de hombres, además de los operarios que trabajaron en él y la curiosa chavalería que rondaba la zona, fueron necesarios para ponerle sus zapatos nuevos. Dos plataformas de 8 ruedas cada una, hicieron de soporte al pequeño de 18 toneladas. A pesar de lo complicado de la operación, nadie pudo resistir el pensar en lo insólito del momento. Aquél vapor iba a hacer historia.

Durante las siguientes horas, nuestro barco se durmió. El vaivén al que le mecían, la nana del viento que secaba su pequeña capa de color, y el cariñoso griterío en el que se vio envuelto, no hicieron más que acompañarlo hasta que sus ojos se cerraron. Soñó entonces con su recorrido, con su nueva vida, en los viajes que emprendería. Soñó con Marruecos, con Lisboa, soñó que en dos días cruzaría el charco y sería recibido en “La Argentina”, envuelto en mojadas nubes blancas y sal y rodeado de la brisa. Mientras él viajaba, más allá del puerto, era arrastrado por las estrechas calles del pueblo. Tardaron toda una tarde en llegar hasta la calle San Juan de Dios. Una vez allí, mientras los hombres tomaban aliento y algún que otro bocado, el traslado se interrumpió para dar paso a los tranvías que venían de Extramuros. Al filo de la media noche se reanudó la faena. La fiesta no era la misma. Los pocos que habían ayudado hasta entonces retornaban a sus casas en busca de calor. De noche… todos somos pardos. La continuación hasta la siguiente plaza tardó casi toda la madrugada. Allí, se despidieron de él hasta el día siguiente. El vapor durmió profundo como solo un recién nacido sabe hacer. Irradiando vida con cada latido. Y toda la ciudad en su descanso, cambiando para siempre después de una sola noche.




Al día siguiente fueron los periódicos los que se levantaron primero. La gente se agolpaba en los balcones de la plaza para ver el espectáculo. Ocurrió que, el por aquél entonces alcalde, se asomó a contemplar el amanecer un segundo antes de empezar con su jornada, y encontró sin querer lo que todo el mundo se moría por ver. Sorprendido, en la primera hora de la mañana, ordenó que no se reanudaran las labores del traslado. El pueblo era casi tan mayor como la impaciencia, y el alcalde temía que el alcantarillado de las calles no soportara el peso del barco.

Diez minutos después era el sereno, maestro de abuelos, el que daba la orden a los padres de nuestro amigo. A pesar de insistir y de demostrar que todo estaba en regla, no pudieron hacer nada para convencerle. El vapor se despertó en medio de la trifulca. Tumbado como estaba, no podía ver lo que estaba ocurriendo. Solo escuchaba gritos y voces. Unos decían que era mejor parar, otros que era mejor seguir, esperar, continuar, callar, hablar… era demasiado joven para comprender. Su única preocupación eran sus ganas de llegar al océano.

Entonces bajó el alcalde. En medio de aquella pequeña plaza, junto a la sombra de un gran barco a mediodía y después de mucho pensar, resolvieron llamar al ingeniero municipal para que comprobara si era seguro o no el traslado. En medio de todo el barullo, la ciudad se hizo más curiosa. Aparecieron gentes de todos los barrios, niños y renacuajos, jóvenes y viejos… El vapor pudo llegar a sentir calor.

Sin embargo, las horas pasaron y el conflicto no se resolvía. Hubo reuniones en el ayuntamiento para encontrar una solución rápida, para obtener los permisos, pero todo fue en vano. El barco tendría que pasar otra noche más allí.

Se durmió intranquilo. Como si estuviera enfermo y cansado. Pasó frío. Soñó de nuevo con sus rutas. Cuantas veces repetimos lo que queremos cuando somos pequeños… con cuanta fuerza lo deseamos. Con que rapidez perdemos la pasión. Nuestros miedos también lo dicen. El vapor volvió a Argentina. El viaje fue tan placentero que no se dio cuenta de su llegada. Allí se vio iluminado por bombillas de colores que colgaban de cuerdas que lo rodeaban. La noche no tenía lunas pero iba sobrada de estrellas. Escuchó tangos… y contemplo el baile de dos niños al son de la música. En poco tiempo se encontró rodeado de muchos más. Niños pobres y ricos que todavía no sabían como se mide la propia riqueza. Todos querían bailar en su cubierta. Algunos se fueron hasta el timón y jugaron a los piratas. Otros correteaban por los pasillos y se escondían por los pocos camarotes que encontraron. De repente el sol apareció y borró la fiesta, los juegos y la música. El vapor fue arrastrado hasta la mitad del Atlántico y allí, le sorprendió la tormenta. Gritos y más gritos llenaban su pequeño cuerpo de agua que le hacia estremecerse. Quiso despertar… cerró los ojos con fuerza y lo pidió una y otra vez sin escuchar nada más. Cuando los abrió de nuevo, su mirada encontró un rumbo nuevo. Alcanzar el sol que le guiñaba desde el horizonte… a través del océano más pacifico que contempló nunca. Y se dijo que porque no. No hay metas lejanas. Pasó el resto de la noche viajando hacía su nuevo sueño. Uno más. Porque nunca hay suficientes.

Al atardecer del segundo día llegó el informe del ingeniero. Había estado enfermo y ni siquiera había salido de su casa para comprobar la situación, pero decía que el tramo más peligroso ya había pasado y que con las planchas de hierro que se estaban utilizandopara repartir el peso, sería más que suficiente. No sé que brisa llegaría hasta la habitación del ingeniero. Pero seguro que olía a mar y sonaba a crujir de olas reclamando lo que les pertenecía. Las fábulas son así. Todos conspiran para que salgan bien.

Rápidamente, todos se pusieron manos a la obra. El ajetreo despertó al vapor. Quizá alguien viese como se balanceaba de un lado a otro de impaciencia. Durante toda la noche y gran parte de la mañana condujeron el barco hasta los muelles. Esa noche nadie durmió. Ni los curiosos, ni padres, ni barco, ni alcalde. El cariño de algo así se lo impedía. Se cantaron canciones para animar a los hombres que trabajaban. Comida, agua, conversación… Nunca hubo un parto más difícil. Nunca hubo un hijo más deseado. El pueblo parió su vapor… sudó para ello, vivió tres días para ello.

En los muelles, la gran grúa flotante Hércules les estaba esperando. Al llegar, el vapor le saludó y la grúa le devolvió la mueca. Era media tarde pero ni siquiera el hambre quiso estropear el momento. Con gran cariño, las cadenas de la grúa envolvieron el barco. Hubo que retirar a gente para no entorpecer el trabajo. Entonces la grúa empezó a mecerlo. El vapor estaba muy emocionado. Sus lágrimas llegaron al agua antes que él. Los júbilos quedaron ahogados por su risa. La grúa le pidió tranquilidad, todavía quedaba la parte complicada, pero él no podía evitarlo. Sabemos que algo grande nos va a pasar. ¿Quién calma nuestra alegría? ¿Donde están las barreras que no podamos saltar en ese momento?.

A las tres de la tarde, el agua acarició su lomo. Sintió un escalofrío e inmediatamente se llenó de calor. Salió de su sueño, haciéndolo realidad. No hicieron falta palmaditas en el culo para despertarlo. Estaba cayendo más y más. Las cadenas se soltaron y haciéndole cosquillas, desaparecieron y lo dejaron solo. Por un momento temió hundirse, no ser lo suficiente para estar allí, no merecerlo… creyó que el océano se lo tragaría… ¡que sus sueños solo eran sueños! Pero solo fue un momento. Siempre tenemos esa mano que nos empuja hacía arriba. Que nos levanta, que nos guía y nos sostiene cuando pesamos demasiado… un momento antes de vaciarnos del aire contaminado que nos inunda… Una vez las fuerzas de la naturaleza hicieron su trabajo, el vapor suspiró, y su suspiro resonó en todo el pueblo. Los gritos de la multitud resoplaron más que el levante. Ese día la alegría fue verdadera. Y al verla… el vapor sonrió.

Fue niña y su nombre es el tuyo. Le llamaron… Covadonga.

lunes, 18 de enero de 2010

Repaso a la tele

Al igual que en la anterior entrada, no viene mal hacer un repaso de los mejores momentos que me deparó la televisión durante el año pasado. Algunos más sonados que otros, y seguro que con notables ausencias, pero, modestamente, esto fue de lo mejorcito. Disfrutenlo. (Por supuesto, aviso desde ya que hablaré contando espoilers y los videos son correspondientes a los momentos a los que me refiero. Por si acaso, pongo el número del capítulo y el nombre.)

12. Scrubs - S08E05 - My ABC's
(Sin spoiler)


Después de una desastrosa 7º temporada, Scrubs se despedía con una gran traca final en forma de capítulos geniales como el que aquí remarco. Durante todo el capítulo, los integrantes de Barrio Sesamo están rondando las fantasías e idas de olla de JD... y el momento con Elmo es el remate: "What is Elmo? It's a seal?"




11. Mad Men
- S03E06 - Guy Walks Into a Advertising Agency
(Spoiler tontorrón)

Dentro de lo redonda que me parece esta tercera temporada, hay un momento tan surrealista y fuera de lugar que merece ser remarcado. No supone ningún riesgo para seguir la trama. Ahora bien... hay que ser muy cachondo, o muy macabro o haberlo visto en algún sitio. Si no... ya me dirán que hace una cortadora en una oficina...




10. How I Met Your Mother
- S04E13 - Three Days of Snow
(Sin spoiler)


Uno de los últimos capítulos redondos de esta serie, emocionante y divertido a partes iguales. De todas, me quedo con la historia de Ted y Barney y sus cinco palabras. Montar un bar es un sueño que se hace realidad en este episodio. Pero no me olvido de la vuelta del Ranjit, de Robin ligoteando con Marshall, de esa fantástica escena final o del magnífico guión. Una joyita más para la lista.

(Siento no tener ningún video para este momento)


9. 30 Rock
- S03E22 - Kidney Now!
(Sin spoiler)


Va de comedias. Y es que el final de temporada de 30 Rock tuvo una pequeña subtrama antológica en la que Alec Baldiwn descubría en un primer momento que un recuperado Alan Alda era su padre para instantes después saber que se moría si no encontraban un donante de riñón. ¿Qué hace nuestro buen amigo Jack Donaghy? Montar un telemaratón lleno de estrellas. Lo lógico.




8. Flight of the Conchords
- S02E05 - Unnatural Love
(Sin spoiler)


Estos son dos locos con muy poca vergüenza. Así que no me extraña que sorprendan con momentos como el que abre este capítulo en el que Jermaine ("fromNewZealand") se enamora de una australiana. Tanto la letra, como la música, como el baile, como las caras, como la conga... no puedo dejar de pensar que sería un hit en las discotecas.




7. Battlestar Galactica
- S04E13 - The Oath
(Spoiler importante)


Esta serie es cojonuda por muchas cosas. Y una de ellas, es por este episodio. Aquí la emoción se dispara, la acción se concentra y la épica se reescribe para adquirir otra dimensión. Un motín en la nave Galactica y un rescate desesperado del Comandante Adama. Y en medio de estos brevísimos 45 minutos, hay tiempo para infinidad de matices más (porque no puedo dejar de nombrar un beso y una amenaza). Puro espectáculo.




6. Weeds
- S05E01 - Wonderful Wonderful
(Sin spoiler)


A pesar de estar tentado de colocar el impactante final de temporada, o alguna de las desternillantes aventuras de Celia, o las ya míticas escenas del restaurante y el ascensor entre Andy y Nancy... no puedo dejar pasar uno de los momentos más alegres de toda la temporada. Un Flashmob en toda regla, totalmente gratuito a pesar de servir de bolsa de aire para nuestra protagonista. Un gran acierto.




5. Skins
- Season 3
(Sin spoiler)


Después de dejarnos el corazón en un puño con los capítulos finales de la 2º temporada (los mejores de toda la serie), los guionistas decidieron que cambiarían completamente el reparto. Y la apuesta es arriesgada e innovadora. Pero les ha salido bien. Por eso merece la pena destacar estos 10 capítulos en conjunto. Porque consiguen hacer olvidar una generación fantástica... unos personajes inolvidables.




4. House
- S06E01 - Broken
(Spoiler del final de la 5º)


House está demostrando en su última temporada (por el momento) que esta en mejor forma que nadie. Y prueba de ello es la season premiere de hora y media de duración que a modo de "Alguién voló sobre el nido del cuco" nos muestra las andanzas de House encerrado en la institución mental donde acabó la temporada pasada. Una maravilla de capítulo desde este emocionante principio, hasta su divertido final.




3. True Blood
- S02E01 - Nothing But the Blood
(Sin spoiler)


True Blood siempre ha dado mucho juego en materia sexual. Por eso no es de extrañar que comenzando su segunda temporada quisieran subir las apuestas y sorprender a todo el mundo. Y vaya si lo han conseguido. Sookie y Bill en una gigantesca cama. Y sin necesidad de recurrir a la imaginación.



2. Dexter
- S04E11 - Hello, Dexter Morgan
(
Megaespoiler)

Trinity y Dexter. Dexter y Trinity. Y pasará mucho tiempo hasta que volvamos a encontrarnos a una dupla de personajes/actores tan espectacular como la que nos ha proporcionado la 4º temporada de Dexter. La tensión no ha retrocedido ni un momento, no ha dado suspiros, pero ha retorcido gritos al finalizar el último capítulo. Pero personalmente me quedo con el penúltimo y lo que para mi es uno de los mejores cliffhanger que se han visto este año. Frente a frente, una pequeña mirada y un cordial saludo.




1. Californication
- S03E12 - Mia Culpa
(
Spoiler de alto rango)

He de reconocer que 1º y 2º puesto están para mi al mismo nivel, pero sólo por lo emocionante de la escena y lo que creo que puede suponer para la serie, me quedo con el final de temporada de Californication. Una actuación soberbia de ambos con una canción que no deja impasible a nadie. Hank confiesa por fin su pequeño desliz en el piloto de la serie... y de que forma. Lo veo otra vez y vuelvo a temblar. Para mí, lo mejor del año estuvo en estos 4 minutos.




domingo, 17 de enero de 2010

Repaso al cine

Dispuesto a analizar lo más relevante del año 2009 en cines, a continuación os dejo una lista (como no podía ser de otra forma), con las 12 películas que más me gustaron el año pasado.

12. Frost / Nixon de Ron Howard



Que dos pesos pesados como Michael Sheen y Frank Langella compartan pantalla dando lo mejor de sí, ya es un aliciente para ver esta película. Pero me sorprendió gratamente la magnífica dirección de un, habitualmente bastante normalillo, Ron Howard. Sensación a la salida de haber visto un peliculón.


11. Son of Rambow de Garth Jennings



Solo puedo describir esta película como autenticamente entrañable. El equivalente a aquellas películas que disfrataba en mi infancia allá por los 80. Dos niños en estado de gracia para una bellísima (y divertida) historia de amistad.


10. Gran Torino de Clint Eastwood



Clint Eastwood se despide de la actuación regalando uno de los mejores personajes del año. Sin duda, la tercera edad ha dominado las grandes pantallas esta temporada. Esta película es de Walt Kowalski. Y es un jodido cabronazo. Pero se disfruta cada segundo que este señor esta en pantalla.


9. Ponyo en el acantilado de Hayao Miyazaki



Ponyo es otra pequeña joya en la filmografía de los Estudios Ghibli. Una película que se bebe de un solo sorbo. Sin darte cuenta, sales del cine con una sonrisa de oreja a oreja y canturreando su pegadiza melodía. Y con otro clásico en la retina.


8. Let the Right One In (Déjame entrar) de Tomas Alfredson



Es una película de vampiros. Y una película casi muda... donde no aparecen los gritos, ni las persecuciones, ni tantos lugares comunes como acostumbran en el género. Pero sobretodo es una historia tan espeluznante como hermosa. Y una escena final para quitarse el sombrero.


7. Lluvia de Albóndigas de Chris Miller & Phil Lord



Hacía mucho tiempo que no me reía tanto en un cine. Delirante, divertida, surrealista... Lluvia de Albóndigas es todo lo que puedas pedirle a una comedia. Pero además es una película de catastrofes rodeada de comida y sobretodo, muchísima imaginación. Un coctel explosivo que la hace una de las sorpresas del año.


6. The Boat that Rocked de Richard Curtis



Richard Curtis es el buen rollo personalizado. Y su última película no es menos. La ví solo en una sala llena de gente. Y mi pena fue que no pudiera salir a bailar después de verla. Es una montaña rusa de canciones, anécdotas e historias descacharrantes sobre 8 djs anclados en un barco. Y dura como si fuera Titanic. Pero igual que aquella... la vería una y otra vez.


5. Celda 211 de Daniel Monzón



La gran ganadora moral este año en la producción española (con permiso de la que sigue), ha sido Celda 211. Muy superior a Ágora, ha demostrado que se puede hacer cine de género y de calidad en este pais de bocazas y criticonas. Y de paso, les ha dado un tapabocas a más de uno. Lástima que no haya sido nominada como representante de España a los Oscars (incluso Gordos habría sido una gran elección). Luis Tosár portentoso en una película que no te suelta ni un segundo.


4. El secreto de sus ojos de Juan Jose Campanella



Campanella ha vuelto a revolver mis tripas con esta pedazo de película. Una historia interesantísima, rodada como muy pocas, con unos actores a los que no puedo adjetivar como en estado de gracia porque sería faltarles al respeto. El plano secuencia del estadio, las conversaciones "de barra" y un final tan calladito que produce taquicardias. Inolvidable.


3. Inglorious Basterds de Quentin Tarantino



La historia de un comando de soldados americanos que se dedica a aniquilar Nazis y de un general nazi experto en idiomas y en cazar judios no está entre lo mejor que ha hecho Tarantino a lo largo de su carrera. Y aún así, es tan buena que consigue colarse en el top 3. Con personajes ya míticos dentro de su filmografía y un Brad Pitt que se lo pasa mejor que quiere, la historia de estos "malditos bastardos" es para mi una firme candidata al revisionado obligatorio. Y que no nos pillen sin uniforme...


2. 500 days of Summer de Marc Webb



A mi me han roto el corazón alguna vez. Y esta película es cojonuda en todas y cada una de sus afirmaciones. De la primera a la última. Y por ser tan sincera creo que es por lo que va a tener un lugar en mi memoria. Por eso y por su banda sonora. Y por su fantástico montaje. Y por su sentido del humor. Y por supuesto por Zooey Deschanel. La película (un)happy de la temporada.


1. Up de Pete Docter



Up es una genialidad de idea, de escritura de guión y de desarrollo de personajes. Todo mezclado con una animación espectacular y una banda sonora a la altura de los globos. Lo mejor que he visto este año. Y encima, de regalo... la mejor escena que nos ha brindado Pixar en su historia. ¿Que más podemos pedir?.

En breve... nos pasamos a la pantalla pequeña...

miércoles, 13 de enero de 2010

2039


Poco más de 4 años después de la fecha límite y todavía nadie puede vislumbrar el final definitivo en estas descorazonadoras mañanas. Aquél lejano febrero, se cumplió el tan esperado plazo. La Ley 2406 de octubre del 2014 (la "ley de los billetes mojados" como se la llegó a conocer), estipulaba que los bancos no podrían conceder nunca más, ni hipotecas ni préstamos. Su razón de ser desaparecería. La absurdez se apoderó de todos y desde entonces la gente solo pagaría aquellos contratos que ya tenían firmados.

La fecha límite para finiquitar todos los pagos se marcó el 14 de febrero del 2035. Los siguientes 10 días están marcados en rojo en los calendarios de la historia moderna: la Revolución de los cajeros. Los pocos bancos que todavía resistían, cerraron sus puertas, y millares de banqueros quedaron desperdigados por las calles. Se volvieron violentos, especialmente agresivos los de más alto rango. El resto del mundo vivió encerrado en sus casas y muertos de miedo durante aquellas negras horas. Las revueltas se sucedieron día y noche. Los banqueros, cargados de contratos, empezaron a saquear las casas de sus antiguos clientes; aquellas sobre las que apenas 10 días antes, todavía tenían la última palabra. La policía cargó contra ellos expulsándolos de las ciudades.

Con el tiempo tomaron por fin conciencia de su nueva situación y se organizaron en la periferia de las grandes urbes. En las salidas principales, empezaron a prosperar bandas de banqueros que asaltaban a cualquiera que intentara pasar. Robaban el dinero y a cambio te obligaban a cargar con viejas cacerolas de promoción. Una vez los ingenuos ciudadanos habían marchado, aquellas tropas bancarias se reunían y planeaban donde guardar el botín. Después lo prestaban de contrabando a cualquiera que estuviera dispuesto a pagar los altos intereses del mercado negro.

Por otro lado, la gente, de forma espontánea, aprendió a vivir sin dinero. Pero surgieron grupos disidentes de esta corriente dirigidos por los grandes capos mafiosos establecidos en las ciudades, y que eran motivados a través de subvenciones por los banqueros exiliados. La influencia de estas figuras, tan bien colocadas en los círculos de poder, hizo que la lucha interna en las ciudades se alargara y recrudeciera. La palabra de cada uno, que había cogido fuerza como moneda de cambio entre los ciudadanos, durante los largos meses del invierno del 37, empezó a perder importancia. Los "grupos políticos" reclutaron a pandilleros, pequeños aprendices de camorristas, los cuales, pasaban un período de entrenamiento en la salvaje periferia antes de entrar en acción. Estos individuos se colaban en las tiendas y mercados obligando a los ciudadanos a aceptar su dinero prestado y a utilizarlo.

En el verano del 38 llegó la gran depresión. Todo el mundo cayó deprimido y durante 40 días nadie salió de su casa. Las calles pertenecieron a las bandas hasta que estas se cansaron de no hacer nada. Buscaron acción en el único sitio donde veían movimiento: junto a los banqueros. El 3 de Octubre del 2038, "el domingo blanco", las bandas devolvieron a los banqueros todo el dinero que habían recaudado en los pequeños préstamos obligados y dejando a estos de nuevo como al principio. Al día siguiente, los camorristas se marcharon y se convirtieron en nativos pescadores en las Selvas de protección oficial que los gobiernos construyeron a principio de los años veinte.

Estamos en abril del 2039. La paz ha durado unos cuantos atardeceres. Pero una nueva amenaza se cierne sobre los ingenuos ciudadanos desde poco tiempo atrás. En las sombras, los banqueros se han ido haciendo con algunos locales y poco a poco, vuelven a insuflar dinero en las calles a cambio de la última droga de la sociedad: pequeñas porciones de felicidad.

Para Ana

lunes, 11 de enero de 2010

Mi lágrima

Dios sabe bien que no tengo lágrimas para demostrar dolor. Me lo ha enseñado muchas veces. Y a riesgo de parecer todo lo que no quiero ser, sé que no luchamos contra lo que no podemos cambiar. Y cada uno lidia con ello como buenamente soporta. Rompiéndose o guardando silencio.

Pero este sábado algo susurró desde dentro. Mientras todos nos quedábamos helados y el cielo se abría de par en par para que alguien así pudiera rondar a sus anchas... y mientras la música sonaba a medio volumen pero con tanta intensidad que era difícil de confundir... dos imágenes se me clavaron, se retorcieron, me emocionaron y finalmente, apretaron un lágrima contra mi mejilla. En la primera una mujer abrazada a un hombre sentado, saludaba con un gesto de resignación. En la segunda, un fuerte apretón de manos y una siempre gentil invitación a vino.

Sé que tardé un tiempo... cada cuál tiene su ritmo. La paciencia estuvo en ambos lados. Pero yo salí ganando... y mereció tanto la pena... Porque nunca conocí a alguien como él. Y es el hombre que algún día me gustaría aspirar a ser.

No sé expresarme mejor que como ellas lo hicieron.


miércoles, 6 de enero de 2010

A cántaros

A pesar de que llevemos unos días rodeados de tormentas, mi corazón pronostica agua durante unos cuantos meses más.

No sé si no miré bien el tiempo que iba a hacer mañana. O si acaso fui demasiado abrigado en los meses de primavera. Quizá me equivoqué al pensar que siempre clarearía por las tardes. O que las mañanas serían igual de esperanzadoras.

Lo que está claro es que el tiempo, por mucho que queramos pronosticarlo, siempre se sale con la suya.

Echo de menos tantas cosas que tengo que bloquear mi mente para no paralizar mis piernas. Cada rayo con música, cada vendaval de frases, cada chaparrón de llamadas... hacen que me pierda un poco más. La gente, en medio del mal tiempo, corre a refugiarse en sus casas... y me encuentro solo en medio de tantos cruces conocidos... Tantos como días, meses y años.

Sé que no es el momento de pedirte un paraguas que me mantenga seco un rato más. Pero son ya muchas noches y ahora mismo no quiero el impermeable de nadie más.

Se avecina borrasca... ojalá vuelva a cantar mientras pasa.